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  • 01. 04. 19

    Urban-ness

    As with any monster, it is the man-made illusion that complicates its treatment. The urban, that neverending paradise of humanity’s most noble and vilest endeavours is, without a doubt, the ideal space to imagine what humanity can become. Specially nowadays, while us, liberals are under constant attack from ideological positions that undermine humanity’s aspirations of […]

    As with any monster, it is the man-made illusion that complicates its treatment. The urban, that neverending paradise of humanity’s most noble and vilest endeavours is, without a doubt, the ideal space to imagine what humanity can become. Specially nowadays, while us, liberals are under constant attack from ideological positions that undermine humanity’s aspirations of equality and inspiration to change everyone’s life experience. Yet, it is through the urban, the urban ness-monster, that humanity can fight back and claim its true freedom essence.

    World over, countries have aspired to guide us towards better lives, yet, in many ways, national governments lack the “down to earth” understanding that cities have. Both political elites, be it government servants, civil society, private sector and academics, as well as everyday life experiences that “city-zens” experience enable a deeper understanding of public policy as well as how to guide it. Political elites closely linked to their cities, that can relate to real, concrete and difficult urban problems, I believe, make better at guiding national and global public policy. Furthermore, everyday “city-zens” connecting and providing clearcut information (big data) as well as relatable city experiences, ground public policy. Therefore, including urban visions in global policies, for any government are key to deliver results and develop global human empathy.

    Mechanisms to represent the city perspective, the urban, have created conglomerates from dozens to hundreds of city members. Therefore, raising the question if this has had an effect on how global policy negotiation is brought to fruition nowadays. These city representing organisms have two key foes: the short terms their mayors have and the inhability to thrust into national policy. Yes, there are certain results, but bearing in mind that cities are where most humans live, that potentially are the greatest threat to our ecosystem and that produce the core of value of mankind; the results are poor… perhaps even, depressing. Inasmuch as to say that cities continue, world-over, not to hold pristine, effective and representative mechanisms to be a part of national policy.

    The best bet humanity has to overcome the anti-liberal and gain inspiration for a new human paradigm is to solve the urban-ness monster. On one hand, city representation enables for the majority of humans to become a core element of global policy design. While on the other, will surely bring the urban agenda to the core of all global issues to be dealt with. Both hands can join in saving our planet and the potentially horrific destructive force behind climate change and habitat degradation. Therefore, focusing on solving globally how we represent in more effective, diverse and non-discriminatory ways our urban, humanity can look forward to generate a path of joy for our future generations.

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  • 22. 11. 18

    Valor en lo urbano

    Generalmente, cuando los teórico urbanos de las tradiciones neoclásicas —como lo son Kennedy y Florida– hablan de “valor urbano”, se refieren a todo lo que puede ser medido en dinero. ¿Su experiencia de vida en una ciudad se puede convertir en dinero? Quizá gran parte del mismo sí, pero ¿qué pasa con lo que no? […]

    Generalmente, cuando los teórico urbanos de las tradiciones neoclásicas —como lo son Kennedy y Florida– hablan de “valor urbano”, se refieren a todo lo que puede ser medido en dinero. ¿Su experiencia de vida en una ciudad se puede convertir en dinero? Quizá gran parte del mismo sí, pero ¿qué pasa con lo que no? ¿Se desecha? ¿Desaparece? ¿Qué se hace al respecto?

    En primer término, la urbanidad es irreductible a dinero. No hay experiencia humana que pueda ser intercambiada por dinero –por más que Marx crea que el dinero es un ácido que destruye toda relación social. Si bien los activos de las ciudades muchas veces se pueden medir en términos monetarios, el beneficio de pensar así lleva a que existan quienes se apropien de valores no convertibles generalmente en dinero.

    En segundo término, hay quienes argumentan que el valor de lo intangible se encuentra representado por el precio de la tierra donde se desarrollará algo. Aquí plantearía que hay valores de tránsito, de convivencia, de deseo a vivir ahí, que no necesariamente están representados por el costo de la tierra para usos comerciales, residenciales y, en menor medida, industriales. Creer que el valor del terreno es lo que determina gran parte del desarrollo urbano pasa por alto todo el complejo mecanismo para que ciertos espacios urbanos tengan un mayor “precio/valor” que otros.

    El tercer punto lo hago en relación con que los lugares que logran sobreprecios y devaluaciones van relacionados a divergencias en el poder de quienes buscan desarrollar o quienes viven ahí. Un claro ejemplo son las 15 más grandes ciudades mexicanas, donde desarrolladores tienen excedentes en los peores casos del 50% (utilidad) de lo que han construido. Es decir, aquí, gracias a una serie de beneficios particulares, y en muchos casos el limitado “terreno” (land, porque no encuentro una traducción fidedigna del concepto de geografía económica de Eric Sheppard) es lo que lleva a desarrolladores a conseguir beneficios que normalmente no conseguirían.

    La pregunta sería: si hay disposición a pagar ese diferencial por parte de los habitantes urbanos, ¿por qué el desarrollador debe capturarlo? Aquí voy a la idea de que si yo deseo vivir en un cierto lugar, no está solamente ligado a la calidad del inmueble, pero muchas veces el barrio y los servicios asociados (transporte, agua, cultura, educación, salud) juegan un rol primordial. Siendo así, ¿por qué en México no hemos trabajado para reconocer que la captura de valor por parte de los desarrolladores es una alienación de una plusvalía que pertenece a la comunidad que lo creó?

    El tema es que la ciudad, y su urbanidad, son mucho más que sólo los edificios e infraestructura física; también es un gozo, un disfrute… Vaya, un ritmo… a la Lefebvriana… y siendo éste el caso… ¿por qué dejar que pocos capturen la totalidad del valor que creamos todos quienes formamos la polis, la ciudad?

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  • 21. 11. 18

    Obsesión por la infraestructura y el capital

    La ciudad la hacen las personas. La gran interacción que sucede en las aglomeraciones urbanas vivas permite la creación de fenómenos urbanos, tales como lo son los grandes intercambios de ideas, pero también esas exacerbaciones de producción de valor agregado atípicamente altas. Pensar que lo que hay que fomentar en las ciudades es su infraestructura […]

    La ciudad la hacen las personas. La gran interacción que sucede en las aglomeraciones urbanas vivas permite la creación de fenómenos urbanos, tales como lo son los grandes intercambios de ideas, pero también esas exacerbaciones de producción de valor agregado atípicamente altas. Pensar que lo que hay que fomentar en las ciudades es su infraestructura física tiene su origen en el entendimiento marxista-capitalista de la urbanidad.

    México tiene dos grandes exponentes urbanos: Martha Schteingart y Gustavo Garza. Ambos han hecho múltiples diagnósticos y concepciones del desarrollo urbano en México y las transformaciones urbanas. Sin duda, partiendo del entendimiento marxista-capitalista clásico, sus hipótesis son plausibles. Aunque quiero traer dos ideas a revisión.

    La primera idea es la que ha sostenido que el trabajo, o la labor, se sitúa primariamente al lado de donde se hacen las cuantiosas inversiones de capital. Esta idea tiene su origen en que el capital es más difícil de mover y está atado al espacio, mientras que la labor puede moverse de manera más libre. Si bien dicho razonamiento es plausible y hay datos para sostenerlo, nuevas visiones, como las de Storper (2017), muestran cómo en realidad las comunidades y su labor especializada tienen un gran rol en atraer capital; claramente contraviniendo uno de los principales cánones que dicta el entendimiento urbano mexicano y global.

    La segunda idea tiene su origen en favorecer que el Estado se aboque a mejorar la infraestructura física (transporte, agua, electricidad) para favorecer la labor productiva. Viciado de origen. Entender la urbanidad y la ciudad como un ente primordialmente económico -en términos capitalistas- no reconoce que, pasada la subsistencia urbana, deja de ser relevante y da fruto a distintos fenómenos que van desde las manifestaciones lgbt+ hasta la creación de comunidades sociales barriales. La crítica es que la política urbana nacional se centre en entender la urbanidad y sus ciudades como objetos de producción; si bien tienen esa función, es un error utilizar el aparato estatal para favorecer un circuito urbano que funciona y se impone por sí mismo.

    Las dos ideas anteriores nos hacen enfocar el esfuerzo estatal y social en sustentar a los aparatos económicos más allá de satisfacer las demandas sociales y, sobre todo, soportar y apuntalar “la ciudad”; esa ciudad entendida como la gran poli griega que era el diálogo entre personas y la propiedad emergente que tenemos en formar comunidad.

    Esta gran divergencia tiene origen en la perversión capitalista de lo que es una “economía” y que, a su vez, quizá no de manera deseada, Marx ha perpetuado promoviendo que todo se entienda en términos capitalistas. Es necesario entender la urbanidad desde un enfoque en el cual la Economía es importante; es decir, se puede formar comunidad y sentidos de identidad para la población. Por ejemplo, los grandes faltantes: métodos de participación ciudadana (más allá de sólo consultas, que son buen inicio), presupuestos participativos, análisis de identidades barriales, creación de identidades regionales,… entre muchos otros.

    Es tiempo de pensar en la urbanidad del país más allá de la productividad. Se trata de hacer México. Y México lo hace su sociedad, no su capital.

November 2019
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