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08.05.18.

Mexicanidad a través de la Ciudad

México es un país vibrante y con enorme riqueza. Dentro de este contexto, el atender la importancia de la división rural y urbana requiere considerar seriamente la importancia de reinterpretar la informalidad urbana. Este proceso requiere de considerar que la formalidad, como ha sido definida por países del norte, o ahora eufónicamente llamados desarrollados, necesita ser cuestionada.

Las urbes en México son centros de riqueza y desarrollo. No entraré en el tema sin antes posicionar el desarrollo como el proceso proactivo y específico que ejercen actores con el fin de lograr una mejor vida para quienes forman parte del proceso. Estoy frontalmente cuestionando los procesos urbanos de laissez faire, neoliberales, que mucho daño han hecho globalmente, ya no hay duda al respecto. Es decir, la urbanidad requiere de intervención y claros objetivos, que sean transparentes, acordados y que busquen la sobreviviencia del organismo colectivo y no de los, de nuevo eufónicamente llamados, desarrolladores inmobiliarios.

Dicho esto, entender la informalidad urbana requiere de entender cómo contribuimos todos a vivir en nuestras urbes. Desde quienes llegan a buscar trabajo para tener su sostén económico, hasta quienes generan empresas y emprenden con el objetivo de satisfacer necesidades sociales orientadas al comercio. Este primer corolario urbano me parece incuestionable. Aunque deja de lado, ¿qué hacen estas personas más allá de producir valor en la ciudad para su sostén? ¿Es válido proteger el crecimiento económico (que aquí la confusión ITAMita es mayúscula con el desarrollo económico) al coste del rompimiento social? La respuesta obvia es no, aunque los argumentos comunes son pobres.

Este texto sería inútil para una audiencia que se he empeñado en desconocer a Marx y al socialismo, que en Europa les ha permitido lograr sociedades más iguales y prósperas. Pero también creer que el socialismo es la respuesta lo considero erróneo. En especial porque hay que mantener en jaque la tentación totalitaria, aquella que busca eliminar las libertades de la población, plena participación y expresión, pero sí debe haber un pacto de bienestar mínimo entre todos. Los empresarios olvidan que para que ellos puedan producir hay una red de soporte enorme que se llama el Estado mexicano. Gracias a Él es que el país funciona. Aunque por el otro lado, la sociedad y el funcionamiento cohesionado es necesario para que pueda haber paz y seguridad. México no sólo es una fábrica, también es un cielo azul donde todos compartimos desde un buen tequila o mezcal, hasta formar nuestras familias… fuera de la fábrica. Hago una pausa no para decir eliminemos el libre mercado, pero sí para decir que necesitamos entender que el mercado solito no existe por arte de magia.

Abogo por dos: los mitos unificadores y el sentido de pertenencia. Las naciones, así como países, tienen origen en compartir una serie de creencias, tradiciones, referencias, y demás artículos que a vista inicial económica resultan sin valor. Es a través de esa comunalidad que los humanos nos unimos y compartimos sueños y visiones. Dicha comunalidad en México se desprecia, mucho gracias a la idea del individualismo neoliberal, que olvida que requiere de un Estado fuerte y sólido para que todos empujemos parejo. Aunado a esto, la economía no provee, hasta el momento, respuestas satisfactorias, donde sea “rentable” el tener un país cohesionado… porque el creer que reducir la experiencia de ser humano a producir valor pasa por alto lo importante que es la experiencia que vivimos cada uno en nuestras vidas. Sin duda hay quienes a través sólo del trabajo y la producción satisfacen su necesidad de experiencia humana; habemos otros que no.

Los mitos unificadores son aquellas construcciones de creencias e imágenes sociales que permiten compartir ideas y generar pertenencia entre grupos. No hablo del hilo negro; esta noción se usa desde la idea de las primeras civilizaciones, el “ser”: babilonio, egipcio, y más recientemente romano. Estas colecciones culturales generan un entorno social donde múltiples conexiones y transacciones sociales se dan entre personas, instituciones, sistemas, procesos que permiten que estas agrupaciones humanas crezcan.

El sentido de pertenencia: Yo Soy Mexicano. Cada uno de nosotros, hasta el momento comparte esta experiencia. Desde el de mayores ingresos, Don Carlos Slim, hasta quien muere de hambre en la Sierra Huichola. Todos somos México. Es este el sentido que a través de tener experiencias compartidas y mitos unificadores, de lo que es ser Mexicano y qué es México que podemos reunificar nuestro país.

México ha dejado caer la difusión cultural en el momento que más lo necesita… Justo en este momento en el que podamos ver a otro mexicano y ver cómo su lucha y dolor es también parte nuestra. La construcción de lo que es Mexico es algo que el gobierno, JAMÁS SOLO, debe trabajar de la mano de la sociedad civil en todos los estados para lograr generar no sólo imágenes nacionales comunes, sino regionales. Mi país, mi región, mi comunidad no se hace sola… se genera y difunde. Economistas varios han querido entrar a este ramo para delimitar la productividad o el valor de hacer esto… este no es su ramo ni su campo.

¿Qué México queremos?

July 2019
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