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21.11.18.

Obsesión por la infraestructura y el capital

La ciudad la hacen las personas. La gran interacción que sucede en las aglomeraciones urbanas vivas permite la creación de fenómenos urbanos, tales como lo son los grandes intercambios de ideas, pero también esas exacerbaciones de producción de valor agregado atípicamente altas. Pensar que lo que hay que fomentar en las ciudades es su infraestructura física tiene su origen en el entendimiento marxista-capitalista de la urbanidad.

México tiene dos grandes exponentes urbanos: Martha Schteingart y Gustavo Garza. Ambos han hecho múltiples diagnósticos y concepciones del desarrollo urbano en México y las transformaciones urbanas. Sin duda, partiendo del entendimiento marxista-capitalista clásico, sus hipótesis son plausibles. Aunque quiero traer dos ideas a revisión.

La primera idea es la que ha sostenido que el trabajo, o la labor, se sitúa primariamente al lado de donde se hacen las cuantiosas inversiones de capital. Esta idea tiene su origen en que el capital es más difícil de mover y está atado al espacio, mientras que la labor puede moverse de manera más libre. Si bien dicho razonamiento es plausible y hay datos para sostenerlo, nuevas visiones, como las de Storper (2017), muestran cómo en realidad las comunidades y su labor especializada tienen un gran rol en atraer capital; claramente contraviniendo uno de los principales cánones que dicta el entendimiento urbano mexicano y global.

La segunda idea tiene su origen en favorecer que el Estado se aboque a mejorar la infraestructura física (transporte, agua, electricidad) para favorecer la labor productiva. Viciado de origen. Entender la urbanidad y la ciudad como un ente primordialmente económico -en términos capitalistas- no reconoce que, pasada la subsistencia urbana, deja de ser relevante y da fruto a distintos fenómenos que van desde las manifestaciones lgbt+ hasta la creación de comunidades sociales barriales. La crítica es que la política urbana nacional se centre en entender la urbanidad y sus ciudades como objetos de producción; si bien tienen esa función, es un error utilizar el aparato estatal para favorecer un circuito urbano que funciona y se impone por sí mismo.

Las dos ideas anteriores nos hacen enfocar el esfuerzo estatal y social en sustentar a los aparatos económicos más allá de satisfacer las demandas sociales y, sobre todo, soportar y apuntalar “la ciudad”; esa ciudad entendida como la gran poli griega que era el diálogo entre personas y la propiedad emergente que tenemos en formar comunidad.

Esta gran divergencia tiene origen en la perversión capitalista de lo que es una “economía” y que, a su vez, quizá no de manera deseada, Marx ha perpetuado promoviendo que todo se entienda en términos capitalistas. Es necesario entender la urbanidad desde un enfoque en el cual la Economía es importante; es decir, se puede formar comunidad y sentidos de identidad para la población. Por ejemplo, los grandes faltantes: métodos de participación ciudadana (más allá de sólo consultas, que son buen inicio), presupuestos participativos, análisis de identidades barriales, creación de identidades regionales,… entre muchos otros.

Es tiempo de pensar en la urbanidad del país más allá de la productividad. Se trata de hacer México. Y México lo hace su sociedad, no su capital.

December 2019
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