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01.05.17.

Transporte

Existe una narrativa dominante en relación a la importancia del transporte en el mundo. Esta narrativa va ligada a cómo el transporte es un elemento que favorece la creación económica y por ende el desarrollo. Pero ¿existe algo más allá del efecto económico? ¿Qué otros factores están entrelazados en este proceso y cómo podemos planear más allá del efecto económico? ¿O quizá solo debiéramos de hacerlo en torno a lo económico?

¿Para que se necesita el transporte? Mueve bienes y personas. Aunque estos bienes, como personas al interactuar en distintos puntos y ciudades, tienen efectos en torno a cómo se comportan. No es lo mismo transportar revolucionarios por un país en sus trenes con el objetivo del cambio de régimen que sufrió México a inicios del siglo XX, que transportar productos producidos en regiones antes desconectadas de los grandes mercados y los efectos que eso tienen tanto en su origen como destino.

Los elementos económicos que provoca mejorar el transporte en bienes y personas son medibles y claros. Generalmente la mejora de transporte y su eficiencia lleva a un incremento en el crecimiento económico. De la misma manera también en el espacio tiene efectos; el tener accesibilidad a sistemas de transporte aumenta el precio de los lugares contiguos a él.

Ahora bien, los efectos sociales que provoca el transporte no son del todo identificables. Existe una precondición importante para que puedan ser más efectivos dichos efectos sociales: qué tanta confianza y qué tan segura se siente la población interactuando con extraños. Si tenemos un suficiente nivel de confianza y seguridad, las personas estarán más dispuestas a interactuar, y dado que el flujo de personas se incrementa, habrá una mayor interacción social y por ende nuevos tejidos sociales pueden emerger. De la misma manera, el hecho de que los tiempos de traslado se reduzcan, permite que redes de interacción social y sobre todo la cohesión de estos grupos se vea favorecida.

Por otra parte, existen efectos económicos secundarios, o externalidades de la inversión en transporte, generalmente hecha por el Estado, que son capturadas por los privados, en una especie de ganarse la lotería. Es decir, al hacer una cuantiosa inversión en la que toda la sociedad participó y que favorece que ciertos lugares sean más deseables y más personas fluyen hacia allá, hacen que el valor de ese espacio aumente. Este fenómeno de aumento de valor resulta particularmente importante para el análisis de las inversiones de transporte.

El estudio de estos efectos, hasta ahora no cuantificados, por elementos dogmáticos de libre mercado como también por conveniencia de despojo de un valor generado socialmente, es necesario. Las inversiones que el Estado hace son para generar desarrollo; entendido en el más amplio y generoso término, donde reconoce que el crecimiento económico sin otros objetos que faciliten el sobrevivir del tejido social. Es necesario comprender que las inversiones que hace el Estado son especialmente importantes no solo para atraer inversión, pero también para generar recursos para poder favorecer el desarrollo de su próxima generación.

Mientras que el transporte siga siendo entendido como un método de generar crecimiento económico y no también como un elemento cohesionador social y se busque a su vez una mezcla entre estos, el despojo de las inversiones públicas continuará.

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