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22.11.18.

Valor en lo urbano

Generalmente, cuando los teórico urbanos de las tradiciones neoclásicas —como lo son Kennedy y Florida– hablan de “valor urbano”, se refieren a todo lo que puede ser medido en dinero. ¿Su experiencia de vida en una ciudad se puede convertir en dinero? Quizá gran parte del mismo sí, pero ¿qué pasa con lo que no? ¿Se desecha? ¿Desaparece? ¿Qué se hace al respecto?

En primer término, la urbanidad es irreductible a dinero. No hay experiencia humana que pueda ser intercambiada por dinero –por más que Marx crea que el dinero es un ácido que destruye toda relación social. Si bien los activos de las ciudades muchas veces se pueden medir en términos monetarios, el beneficio de pensar así lleva a que existan quienes se apropien de valores no convertibles generalmente en dinero.

En segundo término, hay quienes argumentan que el valor de lo intangible se encuentra representado por el precio de la tierra donde se desarrollará algo. Aquí plantearía que hay valores de tránsito, de convivencia, de deseo a vivir ahí, que no necesariamente están representados por el costo de la tierra para usos comerciales, residenciales y, en menor medida, industriales. Creer que el valor del terreno es lo que determina gran parte del desarrollo urbano pasa por alto todo el complejo mecanismo para que ciertos espacios urbanos tengan un mayor “precio/valor” que otros.

El tercer punto lo hago en relación con que los lugares que logran sobreprecios y devaluaciones van relacionados a divergencias en el poder de quienes buscan desarrollar o quienes viven ahí. Un claro ejemplo son las 15 más grandes ciudades mexicanas, donde desarrolladores tienen excedentes en los peores casos del 50% (utilidad) de lo que han construido. Es decir, aquí, gracias a una serie de beneficios particulares, y en muchos casos el limitado “terreno” (land, porque no encuentro una traducción fidedigna del concepto de geografía económica de Eric Sheppard) es lo que lleva a desarrolladores a conseguir beneficios que normalmente no conseguirían.

La pregunta sería: si hay disposición a pagar ese diferencial por parte de los habitantes urbanos, ¿por qué el desarrollador debe capturarlo? Aquí voy a la idea de que si yo deseo vivir en un cierto lugar, no está solamente ligado a la calidad del inmueble, pero muchas veces el barrio y los servicios asociados (transporte, agua, cultura, educación, salud) juegan un rol primordial. Siendo así, ¿por qué en México no hemos trabajado para reconocer que la captura de valor por parte de los desarrolladores es una alienación de una plusvalía que pertenece a la comunidad que lo creó?

El tema es que la ciudad, y su urbanidad, son mucho más que sólo los edificios e infraestructura física; también es un gozo, un disfrute… Vaya, un ritmo… a la Lefebvriana… y siendo éste el caso… ¿por qué dejar que pocos capturen la totalidad del valor que creamos todos quienes formamos la polis, la ciudad?

July 2019
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